Castigo
observo las miradas brillantes, refulgentes que otros provocan en sus amores,
pero yo no tengo esa capacidad,
hay una oscuridad en mi, algo roto, algo peligroso, algo que nadie quiere,
no se que es, ni si se puede arreglar,
pero los demás han decidido que es mejor mantenerme a ralla.
No hay abrazos, ni palabras de consuelo para mi,
es como si supieran, o como si intuyeran que dentro está todo muerto,
que soy un sepulcro, y a los muertos no hay que darles ni pedirles.
Carezco del don de la simpatía y gracia reales,
aprendí a copiarlos bien, pero cuando me conocen la farsa cae,
no tengo virtud alguna que los demás no posean y quieran de mi.
Soy hartante, soy quejoso, soy insufrible, soy para tenerse lejos.
Me echaron del nido apenas pude sobrevivir, para no soportarme,
y por misericordia cristiana, por deber y no por amor.
Me dejaron en un matrimonio en el que nadie hubiese querido vivir,
porque dentro era una cámara de la inquisición, yo como la tortura principal.
Mis perros han tenido la misma suerte, incapaces de irse,
condenados a estar a mi lado y soportar la forma en la que soy.
Los gatos se van, son más intuitivos y se anticipan.
Soy una sombra destinada al fracaso, una llorona de la vida real,
cuya labor es penar y asustar a los demas, sin propósito real.
Me aborrece Dios y mis padres por dentro también.
Mis más grandes logros siempre se ven opacados por los de otros,
sin que estos ejerzan ni un poco de esfuerzo.
No tengo sonrisa, mis dientes son mentirosos y manipuladores
para poder conseguir, como la bruja de Hansel y Gretel, almas que devorar,
encerrándoles en mi sótano y engordando sus almas para luego destruirlos.
Ese es mi don, destruir a los demás y lastimarlos.
Intentarlo y fracasar y sentarme a ver cómo siempre se repite, ese, ese es mi castigo.
D. Tolosse

Comentarios
Publicar un comentario